Peregrino de las estrellas

miércoles, 11 de octubre de 2006

Cada día hay que tener más cuidado con lo que es políticamente correcto. Estamos sacrificando nuestra opinión personal, por aquello que se supone que debemos opinar.
Si en ciertos entornos, se me ocurriera decir que un perro, por ejemplo, no es más que un bicho, al que le doy de comer y mantengo a cambio de un servicio concreto, y que una vez que ese animal deja de cumplir ese servicio, lo normal es que prescinda de él y lo sustituya por otro, es más que probable que fuera calificado con adjetivos tales como: desalmado, malnacido, insensible, e incluso habrá quien defienda que se me condene a pena de cárcel por tamaña ofensa a un... BICHO.
También, si mi opinión respecto a la educación infantil fuera que, alguna bofetada de vez en cuando no ha traumatizado nunca a nadie. Que en una familia hay cosas que no se discuten con un chaval y, llegado el caso, se hacen porque lo dicen los padres y punto. Me caerían epítetos como maltratador infantil, salvaje, defensor de una educación represiva y coercitiva. Y todo sencillamente por no tomar en consideración la opinión de un ser bípedo, inacabado, inmaduro, egoísta e irresponsable, como hemos sido todos los humanos que no hemos saltado de los 0 años a los 40, sin pasos intermedios.
Luego, otro tema políticamente incorrecto es opinar que el inmigrante, por el mero hecho de serlo, no tiene más derechos que el nacional. Que un moro, y utilizo la palabra moro porque se está convirtiendo también en políticamente incorrecta, no tiene ningún derecho a imponer su cultura. Hasta el lenguaje hemos de cambiarlo para que no se nos tache de racista, xenófobo, o insolidario.
Hay otra cuestión con la que también hay que tener un cuidado exquisito. Estoy hablando de los homosexuales. Leo en la prensa que se va a sancionar a un restaurante por negarse a celebrar un convite en una boda homosexual. Probablemente es cierto que los dueños del local sean homófobos. Sí, hay gente a la que no le gustan los homosexuales, otros que no soportan a los socios de un club de fútbol determinado, hay quien no se relaciona con negros, otros con blancos, hay gente que no aguanta a los fumadores e incluso los hay que no soportan ideologías políticas distintas a la suya propia. Y yo me pregunto, ¿cuál es el problema? Obviamente, si estuviéramos hablando de estamentos públicos, gestionados con los dineros de todos los contribuyentes, entre los que estarían incluidos las personas rechazadas. Si habláramos de cuestiones realmente trascendentales para el individuo, no sé, se me ocurre que si se le negara el derecho al acceso a una vivienda digna, el derecho a una defensa jurídica imparcial, el derecho a una atención sanitaria de calidad, el derecho a una educación igualitaria...
Aunque, ahora que me fijo, esos son derechos que tiene todo el mundo, y que le son negados continuamente a la mayoría de la población. Y, ahora que me sigo fijando. Nadie ha llevado a los tribunales a nadie por estar en una escuela masificada y sin recursos, por tener que soportar una lista de espera interminable para una operación quirúrgica, por perder un juicio por carecer de recursos a la hora de contratar un buen abogado, por tener que hipotecar incluso la vida de sus hijos para tener una vivienda de escasamente ochenta metros cuadrados.
Me estoy fijando y nadie ha denunciado por estas cosas. Nadie ha denunciado y a nadie han sancionado. Pero, los recursos de la administración, en una palabra, nuestros dineros, se van a gastar en movilizar la maquinaria del estado para sancionar a un restaurante, por negarse a celebrar una fiesta a una pareja en concreto. Supongamos que no hubieran sido homosexuales. Supongamos que la pareja en cuestión hubiera decidido invitar a celebrar su fiesta a todos los cabezas rapadas madrileños. La dirección del restaurante podía haber tomado la misma determinación, pero hoy sería políticamente correcto comentar lo acertado de la decisión. También, la pareja en cuestión podía haber sido miembro de la asociación "X", donde todos los miembros consideran a sus mascotas uno más de la familia. Allí se presentarían los invitados con sus canes, gatos, conejos y demás fauna utilizada para rellenar carencias afectivas. El dueño del restaurante podría negar la entrada a esos ejemplares del reino animal ¿sería sancionado por animófobo? Pues igual sí...
De todas formas, estaréis de acuerdo conmigo en que todos los días, en todas las ciudades de nuestra geografía, e incluso de otras geografías circundantes, se niega el paso a muchos chavales y chavalas por no ir "correctamente" vestidos, en función de un criterio particular del propietario del chiringuito.
Amigos, tengo la sensación de que esto está un poco descontrolado, estamos cambiando unos convencionalismos por otros, sustituyendo unos criterios, rígidos y encorsetados por otros que todavía nos oprimen más. Os confesaré que a mí personalmente me gustaría poder hacer lo que dice la canción:
"Quiero entrar en tu garito con zapatillas...", pero, y esto lo digo yo, no la canción, si no llevas zapatillas, también puedes entrar en el garito.

COMENTARIOS

jueves, 12 de octubre de 2006

Por visitadora de blog @ 14:16


Tienes razón, cada vez es más difícil poderte expresar libremente, pero también tienes que entender que hay que tener respeto por las opiniones de los demás, aunque no siempre coincidan con las tuyas.
Un beso

jueves, 12 de octubre de 2006

Por Invitado @ 15:15


Geografía NO. Geografía es la ciencia que trata de describir el planeta Tierra. Si te refieres a TERRITORIO NACIONAL, tienes que utilizar eso, territorio, pero no el nombre de una ciencia.

Supongo que lo habrás escuchado en el telediario y tal. No me extraña, somos un país de incultos.

Un saludo y animo chaval, que puliendo estos pequeños errores de peregrino bisoño puedes llegar lejos.