Esta mañana le he estado dando vueltas a un tema: la traición. Iba yo todo contento metido en el coche hacia la casa de una señora a realizar un trabajo; no me seáis mal pensados, un trabajo profesional (ufff, no sé si con esta puntualización lo he arreglado). Os aclaro, la cuestión era montar unos saneamientos la mar de feos, este último adjetivo es mío, que a la señora le parecen la cúspide de la estética sanitaria. Bueno, pues como iba diciendo, iba yo tan contento cuando me ha venido a la mente el tema de la traición. ¿Que es la traición?, me preguntaba yo en pleno atasco de la M-30. Claro, como no había nadie más a mi alrededor, no tenía mas narices que contestarme.
En ese momento me respondí "Chico, pues depende de como miremos las cosas, la traición existe o no existe". Veo que os estáis perdiendo, intentaré explicarme.
Toda traición tiene que llevar implícita una fidelidad, si no se es fiel a alguien o algo, es imposible traicionarlo. Hasta aquí estaréis de acuerdo conmigo. Sigamos. Cuando traicionamos al objeto de nuestra fidelidad ¿Somos traidores, o sencillamente hemos cambiado el objeto donde volcamos la fidelidad? Creo que lo mejor es que pongamos unos ejemplos para intentar seguir la reflexión.
Supuesto práctico número uno. Si yo soy fiel a mi estética, que lógicamente no se tiene porque corresponder a la de la clienta, debería decirle que ha tenido muy mal gusto a la hora de elegir esos saneamientos, y debería convencerla para que no los pusiera. Pero claro, con esa línea de actuación estoy traicionando uno de los principios básicos de cualquier buen operario contratado a cuenta ajena, a saber: "el cliente siempre tiene razón", y especialmente cuando llevarle la contraria puede suponer dejar de ganar dos mil ochocientos eurazos.
Por otra parte, si me callo y no le digo absolutamente nada, estoy traicionando otro de los principios básicos que siempre han regido mi vida: "mi concepto de la estética y la belleza es sencillamente insuperable". Si, ya me doy cuenta que quizás alguno de vosotros no esté muy de acuerdo con esto, pero también hay quien piensa que el Barcelona es un gran equipo de fútbol.
Conclusión, en el supuesto número uno, actúe como actúe siempre se traiciona algo, al tiempo que siempre se es fiel a algo.
Pasemos ahora al supuesto número dos. Imaginémonos que llego a una casa. He de instalar una toma de agua para una lavadora. Hace un día fabuloso, increíble. Casita baja, porche acristalado, jardín con flores y una señora simpática. La instalación es rápida, pero la señora se siente sola, tiene ganas de hablar un rato y me ofrece una cervecita bien fría. Nos sentamos en el porche, hablamos de cosas intrascendentes, cosas simples. En un momento determinado le digo: "Tiene usted una casa preciosa y, además, este es un sitio muy tranquilo" Entonces es cuando se complica la cosa. Comienza a hablar de que es demasiado tranquilo, que está demasiado sola, que no habla apenas con los vecinos, que su marido se va a trabajar y no vuelve hasta la noche, y que el tiempo se hace muy largo en esa casa tan sola.
Mis respuestas, me las voy a callar, sobretodo porque no vienen al caso y además son secreto profesional. Bueno el caso es que una cosa lleva a la otra, y la otra a la de más allá, y al final susurros y promesas de amor eterno; "Te quiero, te deseo, te amo, eres lo mejor que me ha pasado nunca, que vacío estaba hasta que te conocí, ojalá este momento pudiera ser eterno... ", vamos todos los tópicos. Evidentemente cuando recojo mis herramientas y me monto en el coche sonrío, soy total y absolutamente feliz, aunque estoy convencido de que al día siguiente, si quiero recordar la dirección, tendré que mirar la factura. ¿La he traicionado, o por el contrario no me traicionaría a mí mismo si continuara con una historia que no es real?; ¿no me hubiera traicionado a mí mismo si no hubiera aprovechado la ocasión?
No sé, el tema de la traición mira que puede llegar a ser complicado. Había pensado preguntarle a Rufo su opinión sobre el tema, pero le he visto leyendo "El príncipe" de Maquiavelo y casi no me pareció un momento oportuno.