Peregrino de las estrellas

miércoles, 19 de julio de 2006

Me imagino que todos sabéis como está Madrid. Desde que al señor alcalde le ha dado por imitar a los faraones, esta ciudad está imposible. Y este ha sido el motivo por el que he hecho caso a la Jesusa y he viajado en transporte público. Hay que reconocer que el transporte público tiene sus cosas buenas. Dentro un orden suele llegar a su sitio dentro de un tiempo razonable, y encima conoces gente. Otra cosa muy distinta es que ese conocimiento, termine transformándose en un tipo de sentimiento en concreto.
Me explicaré. Hoy ha sido la primera vez que he usado el transporte público. No, no penséis mal, no ha sido por prepotencia, la cuestión es mucho más sencilla. Por mi trabajo, necesito llevar mi propio vehículo. Imaginaros lo que sería ir cargado en el metro o en el autobús con mi caja de herramientas y los materiales. Supongo que sería todo un poema. Bien, pues como os decía hoy ha sido mi primer día en transporte público, y ya ha habido personas a las que he terminado odiando como si las conociera desde hace años.
Reflexionaba yo pensando en lo que podría llegar a ser eso, cuando se convierte en una rutina diaria. Todos y cada uno de los días de la semana tienes que soportar al mismo individuo empujando, a la misma señora chillando a voz en grito, o al mismo chaval que te mete la mochila en cualquier parte del cuerpo y se queda tan ancho.
Al principio estaba totalmente convencido de que esto que me sucedió era consecuencia de una casualidad, vamos que el azar había decidido poner en mi camino a esas personas como un toque de atención (la verdad es que he terminado acordándome de toda la familia del puñetero azar, porque mira que ponerme a la misma gente a la ida y a la vuelta). Al final, cuando he vuelto a mi fontanería, no he podido evitarlo y le he contado mi experiencia a Rufo.
Todos los que ya vais conociendo a Rufo, sabéis que aunque podría volar cómodamente de un sitio a otro, suele preferir los medios mecánicos, y aunque os pueda parecer increíble, tiene su propio abono de transporte (ya os contaré en otra ocasión la aventura a la hora de sacar el puñetero abono). Bien, pues como os decía, tiene su propio abono y es un sufrido usuario del transporte público. Por eso, cuando se lo he contado, el muy cachondo se ha puesto a reír como un loco. Cuando se ha calmado, ha comenzado a explicarme sus peripecias en sus viajes por la red del consorcio madrileño.
Según Rufo, una de las actividades más didácticas que se pueden practicar en el transporte público, es la de observar al personal. En primer lugar me ha caracterizado al "lector". Éste es un individuo que decide que el mejor sitio para leer el periódico es el trayecto hasta el trabajo. Dicho así, la cosa no estaría mal, ¿Pero qué sucede cuando viajando junto al interfecto o interfecta se encuentran otras muchas personas? Y fijaros que cuando digo muchas es que son muchas de verdad. Pues incluso en ese supuesto, el individuo o individua en cuestión se empecina en abrir su periódico y en introducir de una manera selectiva, el pico de la página en el ojo del viajero más cercano, y no se te ocurra decir nada, que la contestación más agradable que te puedes encontrar es aquello de "Viaja en taxi cachondo".
Normalmente, junto al individuo del periódico aparece el segundo tipo característico. En esta ocasión recibe el calificativo de "mochilero o mochilera". Este personajillo no suele viajar solo, con lo cual, nada más arrancar el medio de transporte elegido, comienzan los juegos con sus compañeros de viajes. Estos juegos suelen acarrear porrazos y empujones de distinta consideración para los sufridos viajeros colocados en su zona de influencia. Pero ¿qué sucede cuando el citado mochilero viaja solo?, ¡Ah! Entonces es cuando hace acto de presencia la música. Se supone que esos pequeños cascos que se enchufan a los reproductores musicales, tienen por finalidad que el propietario de los mismos escuche el sonido sin que los demás tengan que ser participes del mismo. ¡Pues no señores! Nada más lejos de la realidad. El pumba-pumba obsesivo que sale de esos pequeños altavoces se suele oír a varios metros del sujeto que los porta. Si como suele suceder, el sujeto lleva adosada a la espalda la anteriormente citada mochila, comienza un vaivén con los pies hacia arriba y hacia abajo, que se convierte en un restregar la mochila sobre todas las personas próximas a su entorno. Es inútil que te esfuerces en intentar hacerte oír ante semejantes energúmenos. Han desconectado con el hilo que les unía a la realidad.
Una vez que uno tiene identificados estos dos tipos de viajeros, la cosa ya parece sencilla. Cuando uno va a subir al transporte público, no tiene más que observar a su alrededor, e intentar ubicarse lo más alejado posible de estos elementos. Pues bien, craso error. Es entonces cuando aparecen en escena otros personajes maravillosos: "las marujas".
En esta ocasión no podemos utilizar el singular, porque, si a una maruja se la separa del resto, pasa a convertirse en una señora que va a realizar sus quehaceres. Pero si la volvemos a juntar, de nuevo se transforma. Por eso siempre que hablemos de este prototipo hemos de citarlo en plural.
Las marujas son muy fáciles de identificar. Su conversación suele ser siempre unos decibelios por encima de la media. Además, suelen hablar casi todas al mismo tiempo, pero eso sí, todas se están enterando de lo que dicen las demás, y en el momento que una de ellas haga cualquier comentario que no agrade a una, se escuchará un "¡Ah, no bonita! Eso sí que no..."; también puede suceder que el comentario sea del agrado absoluto de una de ellas, en ese caso suele aparecer un "Pero si eso ya lo decía yo, si esa es una... ". Hay que puntualizar que en cualquiera de los casos, el comentario alcanza un tono todavía mayor que el de la conversación propiamente dicha. Y otra cosa, no se te ocurra, ni en tus sueños más remotos, sentarte rodeado de las marujas. Es entonces cuando comienzan los comentarios tipo "Pues hija tengo las piernas yo... ", o "La verdad es que no me valgo de tener...", comentarios todos estos apoyados con miradas, gestos e incluso pequeños empujones hacia tu persona. Pero pobre de ti como no hayas escuchado esos comentarios por estar leyendo distraído, entonces, es cuando comienzan los sarcasmos directos y los comentarios hirientes. Al final una buena solución es bajarte aunque no sea tu parada. En el caso de Rufo, su estrategia consiste en piropear a las marujas, dice que al final todas terminan riéndose.
Tras estas caracterizaciones, Rufo, ha continuado con distintos tipos de gente, el lector empedernido que no se fija en su parada hasta que el autobús ha llegado y quiere bajarse corriendo y a empujones. La señora con las bolsas de la compra que parece que ha comprado todo el supermercado y ha pensado que el mejor sitio para ponerlas es sobre tus pies. El que se duerme y decide que no hay mejor almohada que tu hombro. Los de los calores que, siempre que en la calle hace un frío que pela, deciden abrir la ventanilla porque según ellos en ese autobús no se puede respirar. Los peleados con la ducha y con la higiene personal. En este caso, Rufo ha hecho un inciso. Ha señalado que hay que distinguir entre la ida y la vuelta, ya que si es a la vuelta, igual el trabajo ha sido duro y no ha podido ducharse.
Reconozco que ha sido cuando ha comenzado a hablar de las virtudes de los geles de hierbas cuando he dejado de prestarle atención. Creo que desde hoy mismo intentaré evitar el transporte público, sobretodo porque así podré leer el periódico sin molestar, poner la música que me dé la gana y al volumen que me apetezca, podré llevar todas las herramientas que quiera sin que ningún señorito se moleste, y además de esto, nadie se quejará del perfume que uso.

COMENTARIOS

miércoles, 19 de julio de 2006

Por Scheherazade @ 1:24


Bueno pues otra de Madrid que no soporta el olor a mofeta y eso que tienes que ir con los codos en posición pa que no se te hacerquen...Aishhh...y con estos calores, lo bueno es la chupa de agua que esta cayendo ahora. Ummmm....me encanta que llueva

Besitos Guiño

miércoles, 19 de julio de 2006

Por Scheherazade @ 1:25


Bueno pues otra de Madrid que no soporta el olor a mofeta y eso que tienes que ir con los codos en posición pa que no se te hacerquen...Aishhh...y con estos calores, lo bueno es la chupa de agua que esta cayendo ahora. Ummmm....me encanta que llueva

Besitos Guiño

miércoles, 19 de julio de 2006

Por Scheherazade @ 1:27


Buffffffff...:] como lo siento pero tu y yo creo que somos de la especie del dedo metralleta...jiji (tu ya me entiendes)