Treinta años de estar juntos, treinta años de compartir sueños, ilusiones, triunfos y fracasos. Treinta años se cumplirán esta tarde.
Te miro, dormida junto a mí. Relajada, con una expresión placentera en tu cara.
Sé que en todos estos años no he sido lo que podría definirse como un hombre ejemplar. Me han faltado miles de detalles, miles de atenciones. Por eso hoy, cuando se cumplen los treinta años de vivir junto a ti, quiero gritar mi felicidad. Quiero que todo el mundo escuche y que todo el mundo sienta mi dicha por una vida a tu lado.
Cuantas veces, nuestros amigos, hablaban de momentos especiales con sus parejas. De lugares y fechas que rememoraban acontecimientos únicos. Y cuantas veces me recriminaban por no participar en esos mismos comentarios. Pero cómo explicarles que no hay lugares ni fechas especiales. Cómo hacerles entender que, cada calle, cada rincón, cada esquina, y cada parque, son un lugar especial cuando tú estás allí. Cómo hacerles entender que cada momento del día es único si tú lo llenas, y como cualquier hora, es una hora muerta si no la comparto contigo. Cómo es posible que vean que cada estación del año es irrepetible si la vivo contigo.
Tu sola presencia, tu risa, tu voz, tu silencio, tu mirada, cada gesto tuyo hace imposible marcar un momento especial. Porque no existen los momentos especiales. Existen las personas especiales. Personas que como tú, llenan de exclusividad la vida de un hombre como yo.
Me hubiera gustado ser capaz de plasmar en palabras todo el sentimiento que me embarga cuando te contemplo. Hubiera deseado escribir una bella historia. Una historia que transcendiera como un gran relato de amor. Una historia que traspasara las barreras del tiempo y se hiciera eterna. Pero, ya ves, sólo me han salido palabras escritas sobre un folio en blanco. Palabras que, apenas emborronaban la blancura del folio, eran desechadas por incompletas. Palabras que, dispuestas una tras otra, conformando frases y párrafos, apenas rozan el sentimiento que me embarga. Palabras que en ocasiones se acercan más al balbuceo de un niño que a las reflexiones de un adulto, quizá porque cuando se es niño, y se desconoce el significado de las palabras, estas no son necesarias para poder expresar lo que sentimos.
Palabras, sólo me han salido palabras, cuando yo quería plasmar sentimientos. Por eso, porque sólo me han salido palabras, no escribiré que te quiero, no escribiré que te deseo con todo mi alma, no escribiré que eres única para mí, no escribiré que sin ti nada en mi vida tendría sentido.
No, no escribiré ninguna de esas cosas, porque serían sólo palabras sobre un folio en blanco.