Peregrino de las estrellas

lunes, 03 de julio de 2006

...El tiempo iba discurriendo lentamente para la princesa y, aunque ella no era consciente de su paso, en el gran palacio todos los pretendientes notaron su ausencia y comenzaron a llamarla a grandes voces. Aquellos gritos invadieron, como si de una plaga se tratara, la suave calma de la fuente, e incluso la luna que parecía que brillaba con un resplandor especial, se terminó ocultando tras una nube, como queriendo rechazar aquellas voces que habían roto la magia de aquél lugar.
Cuando los príncipes llegaron hasta donde se encontraba la princesa, ésta rápidamente sacó la mano del agua. Todos se mostraban tan atentos con ella, tan preocupados por su ausencia, que no dudaban en colmarla de atenciones y regalarle los oídos con piropos y requiebros.
Alguien, en un momento determinado, hizo un comentario sobre el abandono del lugar donde se encontraban. A ese comentario siguió otro burlándose de la fuente y del engendro que la coronaba. Incluso hubo quien se apresuró en ofrecerse a la princesa, con el fin de quitar aquella cosa horrible de su bello jardín. La princesa sonreía ante los halagos de los que era objeto, y cuando ya estaba dispuesta a dar su conformidad a los príncipes, y en un momento en que casualmente todas las voces callaron, de nuevo se comenzó a escuchar aquél sonido que tanto había cautivado a la princesa.
Fue entonces cuando ella alzando la voz, les dijo a todos sus admiradores:
-Escuchad ese sonido, oíd cuanta belleza y cuanto misterio se esconde detrás de él.


Como me gusta esto. Hacer una pausa justo en el momento de máxima atención mira que es divertido, aunque también es verdad que hay que dejar paso a la narración; venga ya no me enrollo más, sigamos...

Algunos intentaron escuchar, pero la mayor parte, quizá recelosos de que su ascendiente sobre la princesa pudiera verse menoscabado, comenzaron a burlarse y a hacer mofas. Primero comentando lo desagradable de lo escuchado, y luego haciendo burla de que podía ser el causante de aquello.
Poco a poco las voces comenzaron a hacerse más y más iracundas, todos iban pidiendo que se descubriera el causante de aquel sonido que tanto había podido trastornar a la princesa. Tachaban de cobarde al causante del mismo, decían que su aspecto debía de ser horripilante para no mostrarse. Gritaban que era evidente que el causante de aquellas notas viviera en un sitio como ese, ya que su aspecto tenía que ser tan desagradable, como su refugio. Tantas fueron las burlas que la princesa terminó pidiendo que saliera el dueño de aquella extraña melodía, y que se mostrara para que todos fueran capaces de observarle.
Una vez que la princesa hubo hecho su petición, todas las voces se callaron expectantes. Al poco rato se escuchó un suave rumor de algo que avanzaba entre las hojas secas. La luna salió de su refugio, e ilumino con un claro rayo una pequeña porción de la fuente. Sobre ella, apareció una pequeña rana, que mirando fijamente a los ojos de la princesa, lanzó al viento su croar.
No bien hubo empezado con su melodía, las voces de los príncipes se fueron alzando una tras otra.
-¡Bah, es solo una rana...!
-Menudo bicho más repugnante...
-¿Y esto es lo que se supone es el causante de la melodía que ha atraído a la princesa? . Ja ja ja...
-Princesa, bésala, que igual se convierte en un bello príncipe, ja ja ja...
Uno tras otro todos fueron haciendo mofas de la pequeña rana, que con sus ojos saltones, con sus patas desproporcionadas, y con su enorme boca, miraba fijamente hacia donde estaba la princesa. Ella, durante unos instantes pareció cautivada por la mirada de la pequeña ranita, pero echando hacia atrás la cabeza comenzó a reír.
- ¿Y esto es lo que me a mí me tenía cautivada?. Quitad esa cosa de mi presencia inmediatamente.
Y dicho y hecho. Todos los príncipes corrieron a cumplir los deseos de la princesa. Cogieron a la pobre ranita y de un fuerte golpe acabaron con ella.
Entre risas y comentarios regresaron a los salones del palacio, donde la fiesta continuó día tras día, y noche tras noche. Donde nuevamente todos los príncipes volvieron a competir entre ellos por ser los favoritos de la princesa, poder disfrutar de algún momento privado con ella. Ella, como bella princesa que era, sonreía y atendía a sus pretendientes, olvidándose de la pobre ranita, y de que al menos durante unos instantes, sintió algo distinto.


Bueno, hasta cierto punto es lógico. Pensad que una princesa, tan acostumbrada a ser el centro de atención y a que se le dieran todos los caprichos, no iba a convertirse en un ser sensible, solamente por haber escuchado aquella melodía. Menos aún cuando el dueño de la misma no podía siquiera competir de lejos con todos aquellos apuestos príncipes que dedicaban todos sus esfuerzos y todo su tiempo en complacerla.
Aunque si queréis que os diga mi opinión, yo creo que gran parte de la culpa de lo sucedido la tuvo la ranita. Si en lugar de mostrarse como la pedían todos, se hubiera ocultado en lo más profundo del follaje, y desde allí hubiera seguido croando, quizás, y mira que digo quizás, la magia del misterio, la magia del desconocimiento, hubiera podido seguir cautivando a la princesa. Pero bueno eso ahora ya nunca podremos saberlo, porque para saberlo habría que volver a rehacer el cuento ¿No os parece?

COMENTARIOS

miércoles, 05 de julio de 2006

Por Scheherazade @ 22:36


Has dado con el signo de nuestros tiempos, la princesa caprichosa rodeada de aduladores y la rana,friki, que se la cepillan en cuanto asoma la cabeza.

Los cuentos tambien tienen que tener una parte didactica por eso si hay que reacerlos se reacen y listo..