Hoy me apetece escribir un cuento en toda regla, con su planteamiento, nudo y desenlace. Pero no creáis, no es tan sencillo como parece. Veamos que sale, vamos a ver como comienza esta historia.
Ya sabéis que a mí los cuentos me gustan a la antigua usanza. Historias donde aparezcan princesas, y claro lógicamente si hay una princesa, tampoco puede faltar uno de sus más preciados complementos, la rana. Decidme la verdad ¿A qué esperabais que hubiera puesto un príncipe, o un dragón? ¿A qué ya ni siquiera recordabas a esa pequeña ranita que aparecía en muchos cuentos de princesas? Pues bien, en este cuento he decidido que había que rescatar a ese pequeño personaje.
Una vez hechas las presentaciones de los protagonistas del cuento, creo que es el momento de que empecemos...
Hace mucho tiempo... (o quizás no tanto, sobre todo porque el tiempo no es importante para nuestra historia, pero había que comenzarla de alguna manera) ...en un lejano reino... (bueno lo dicho para la frase anterior también sirve para esta, aunque si sigo diciendo que esto no es importante para el cuento, igual se queda el cuento en un par de líneas, y eso tampoco sería serio ¿Verdad?)... vivía una bella princesa... (ves esto si que es importante porque sin princesa no habría cuento) ...que como la gran mayoría de las princesas que encima son bellas, era una niña absolutamente mal criada, y que siempre había sido el centro de atención en toda la corte. Pasaba la mayor parte del tiempo flirteando con un incontable número de príncipes que se peleaban unos con otros con tal de complacer a tan bella dama.
Luchaban por demostrarla que eran los más fuertes, los más ingeniosos, los más astutos; inventaban mil y una maneras de complacer a la princesa, y cuando ella atendía en privado a alguno de ellos durante un tiempo, aquel príncipe se sentía el ser más afortunado de toda la corte.
Las competiciones por la atención de la princesa, continuaban un día tras otro, competían en el arte de la oratoria, y ella aplaudía hoy a uno y mañana a otro; competían en el arte de la música, tocando bellas baladas solo para los oídos de la princesa, y ella bailaba un día al son de uno de los príncipes, y al día siguiente al son de su competidor.
Hay que reconocer que la princesita es lista la condenada, aunque no sé si abreviaríamos bastante si nos limitáramos a reconocer que era una mujer, y con esa palabra todo lo demás sobra. Pero bueno, no nos pongamos ahora en plan irónico, que ese no es el sentido de este cuento. Ella simplemente hacia aquello para lo que había sido educada, y evidentemente ellos también actuaban como se esperaba que actuaran.
...Noche tras noche, después de la cena que se celebraba en el gran salón de la corte, la princesa se sentaba en su trono. Desde allí escuchaba y veía como los príncipes luchaban por su atención. Había veces que era tal la algarabía que se montaba, que era imposible escuchar a aquel que recitaba, a aquel que cantaba, a aquel que la regalaba los oídos diciendo lo bella y delicada que era, o a aquel que la exponía ingeniosas peroratas sobre bellos viajes, y bellos lugares a los que siempre prometía llevarla y en los que la bella princesa destacaría resplandeciente sobre violetas atardeceres o rojos amaneceres.
Aunque todo aquello a la bella princesa la complacía enormemente, también había algunas noches en las que sin saber explicar muy bien porque, todo aquello la aburría enormemente. Y fue una de aquellas noches en las que cansada de escuchar siempre las mismas tonadas, de oír los mismos halagos, y de presenciar las mismas peleas, decidió prestar atención a un pequeño ruido de fondo, un pequeño sonido que prácticamente pasaba desapercibido entre todo aquel bullicio.
Al principio pensó que no lo había oído bien, y que probablemente no sería más que algún zumbido extraño de sus oídos. Pero al poco rato, volvió a escucharlo, suave, apenas perceptible, pero allí estaba, otra vez se había repetido. Intrigada, fue moviéndose por todo el salón buscando el origen de aquel sonido. Comenzó a desplazarse de un lugar a otro, hasta que ya cerca de la puerta que daba paso a la gran terraza, notó que se escuchaba mucho más fuerte que desde su trono. Con aire decidido alejó a todos esos príncipes que pretendían mantener un rato de confidencias con ella, y abriendo la puerta salió a la terraza.
Desde allí el sonido era inconfundible, nacía en uno de los lugares más remotos de su bello jardín. Lentamente fue encaminando sus pasos hacia aquel lugar, hasta que llegó junto a una pequeña fuente; una fuente que estaba en un oscuro rincón, desatendida, incluso podría decirse que abandonada.
Tal era su estado, que las enredaderas habían ido trepando sobre ella, convirtiéndose en las autenticas dueñas del lugar. Su agua apenas era visible, cubierta por innumerables hojas caídas de los árboles cercanos. El brocado estaba roto en algunos lugares. Una pequeña estatua que había adornado su centro, hoy no era más que una piedra deformada, que vagamente recordaba la silueta de un hombre o de una mujer, ya que intentar hacer identificables aquellos rasgos era una labor más propia de un arqueólogo que de una princesa acostumbrada a la lisonja y al baile.
Los bellos faroles que adornaban el jardín se encontraban lo suficientemente alejados de aquel rincón, como para que la fuente solo recibiera la luz que, generosa, la luna la enviaba, para bañar sus reflejos en sus turbias aguas, como si con aquel gesto, quisiera dar un postrero homenaje a aquella fuente, que hacía mucho tiempo, había sido objeto del mimo y cuidado del escultor que la creó.
Bueno, a mí personalmente me parece que aquel rincón debía de ser muy atrayente, aunque casi con total seguridad para una princesa acostumbrada al lujo y a la belleza de la corte, aquel sitio no provocaría en ella más que curiosidad, unida a un cierto sentimiento de desasosiego.
De un pequeño caño de brotaba un hilo de agua, que chocaba contra la pileta de la fuente. Al acercarse la princesa a aquel lugar, el sonido que la había atraído paró momentáneamente, y durante unos instantes sólo se escuchaba el rumor del agua y el murmullo del viento entre las hojas de los árboles. Sin embargo, de nuevo el sonido comenzó, y con él, suavemente, casi imperceptiblemente la princesa dejó de pensar en el baile, en aquellos príncipes y cortesanos que la adulaban, repitiendo una y mil veces las mismas palabras.
Aquel suave sonido fue despertando dentro de ella una serie de extrañas sensaciones que antes nunca había sentido. Avanzó unos pasos más e introdujo su mano en aquellas aguas. Era curioso, jamás hubiera pensado que podía llegar a tocar siquiera un agua como aquella y, sin embargo, en ese momento lo único que realmente deseaba era sentir como las gotas se deslizaban entre sus dedos, y como aquella sensación le iba invadiendo, despertando en ella sentimientos que no sabía que podían existir.
Es curioso como a veces, algo trivial, algo que en cualquier otro momento habría pasado desapercibido, puede llegar en un instante determinado a hacer que nuestra vida y nuestro concepto de la realidad cambie por completo. Aunque por otra parte, seamos serios, esto no es mas que un cuento, y claro en los cuentos suelen ser posible cosas que en la realidad nunca tendrían sentido, si no en lugar de llamarlo cuentos, y de asociarlos en nuestra memoria a la fantasía y a la imaginación, deberíamos llamarlos crónicas, y perderían ese encanto que envuelve a todos los cuentos.
Seamos sinceros durante un segundo y pensemos en la cantidad de rincones con fuentes iguales a las del cuento que hemos podido ver en nuestra vida, y como una tras otra las hemos ido dejando atrás, sin ni siquiera dedicarlas en muchas ocasiones una simple mirada.
Vale, lo reconozco, me estoy poniendo un pelín trascendental y hay que centrarse en el cuento; venga sigamos y veamos que pasa con la princesa...