Fue curiosa la manera que tuvo de acabar aquel día. Como cada noche, justo antes de dormir, y una vez tumbado en la cama, encendió el último cigarrillo. Siempre hacía la misma maniobra, y mientras aspiraba el humo del cigarro, reflexionaba sobre los acontecimientos que habían sucedido en la jornada. Sin embargo, aquel día había sido especial.
Aquella noche decidió salir, al igual que le ocurría la gran mayoría de las noches, no tenía ninguna idea preconcebida. Anduvo errante por distintos locales, tanteando los ambientes, observando a la gente.
Sus pasos le llevaron hasta la puerta de aquella discoteca. Le sonaba su nombre de oídas, quizá comentado en alguna de las muchas reuniones de amigos. Cuando penetró en el local, ya habían llegado aquellas horas peligrosas de la noche, ese momento en el que uno no tiene claro si volver a casa o intentar apurar aquellos retazos del día, en un pueril intento para escapar de la soledad del dormitorio.
Después de un rato en aquel garito, si alguien le hubiera detenido y se hubiera molestado en preguntarle qué hacía allí, probablemente no habría sabido muy bien que responder. Quizá su respuesta hubiera sido que esperaba que llegaran a su fin aquellas horas, en las que la gente solitaria se encuentra más vulnerable, o incluso, aunque él nunca lo reconocería, se encuentra uno más desamparado. Pero nadie le hizo esa pregunta. Estaba rodeado de almas solitarias como la suya.
Después de interminables vueltas, de inacabados intentos de mantener una conversación tras otra, siempre intrascendentales y en un talante superfluo, y cuando el aburrimiento estaba haciendo mella en él, en ese preciso instante se produjo una acontecimiento que, todavía ahora, tumbado en su cama y fumando el último cigarro, no acertaba a calificar.
Sin poder reprimir una sonrisa, comenzó a evocar los recuerdos de aquellos momentos. Se veía a si mismo llegando a aquel lugar. Idéntico a los que había visitado anteriormente, en un infinito número que se repetía hasta la saciedad. Con las mismas gentes, las mismas frases, los mismos sueños y las mismas decepciones.
No recordaba cuantas copas llevaba bebidas cuando escucho aquella voz. Al principio no le prestó demasiada atención. Sin embargo, como si aquella voz supiera de antemano que estaba predestinada a ser escuchada, continuó insistiendo. Insistió hasta que él, casi sin darse cuenta, comenzó a atenderla. Al principio con un tono suave, casi imperceptible, casi inaudible, un simple susurro en el clamor de voces que gritaban reclamando atención ¿Cuántas voces como aquella había escuchado en otros lugares? ¿Cuántas veces había pasado de largo ante ellas, simplemente por pereza a prestar atención? Quien sabe, desde luego él no tenía la respuesta. De lo único que fue consciente era de que aquella noche, decidió prestar atención a ese tímido hola que le saludaba. Exploró aquel hola, incluso antes de llegar a prestarle toda su atención. Luego, todo comenzó a fluir suavemente. Primero los nombres, Laura ella y Ángel él. A los nombres le siguió toda la clásica batería de presentación.
En un momento determinado comenzó a sonar la música. Una música que nunca debe faltar en ninguna primera cita. En esta ocasión, sonaba la canción de los Moddy Blues "Noches de Blanco Satén".
Lo cierto es que esa canción no le habría llamado nunca la atención. No era el tipo de música que le gustaba. Jamás en esas innumerables noches de peregrinaje había atendido a una canción como esa. Pero bueno, el azar también existe y, aunque ahora, tumbado en su cama, no era capaz de asegurar a ciencia cierta si aquella fue realmente la canción que sonó, como se suele decir, sino fue esa, debería haberlo sido.
En sus recuerdos le tomó de la mano. Ella, sonriendo tímidamente, se resistía, no quería acompañarle a la pista de baile. Un "no sé bailar", apenas audible, salió de sus labios, pero él, tomándola suavemente del brazo la arrastró hasta el centro de la pista. No había nadie más. Eran ellos las únicas personas que, colocadas bajo una luz brillante, comenzaron a girar lentamente al compás de los acordes; "No te preocupes, simplemente déjate llevar. Cierra los ojos y escucha la música".
Durante los apenas cuatro minutos que duró la canción, mantuvieron su balanceo lento y cadencioso. Quien los viera, desde el otro lado de la pista, apenas vería una extraña pareja que, casi sin moverse, escuchaban con los ojos cerrados una melodía.
Cuando se extinguieron las últimas notas, volvieron a sentarse juntos, continuando su conversación. Una conversación agradable, relajada. Los segundos se fueron convirtiendo en minutos,y estos a su vez en horas.
Pero, como todo en la vida, llegó un momento en el que tuvieron que despedirse. Todavía en la cama recordaba aquel "Ha sido muy agradable, ojalá volvamos a encontrarnos".
Ahora, cuando apuraba los últimos momentos del último cigarro del día, cuando veía como escapaba el humo hacia el techo, y como iba dibujando extrañas figuras en el aire, intentaba recordar algo de ella. ¿Cómo eran sus ojos? ¿Cuál era el color de su pelo? ¿Cómo era su sonrisa?. No era capaz de fijar ninguno de aquellos detalles. Toda ella aparecía envuelta en el humo del cigarro. Difuminada, imprecisa. Pero había algo que el humo de aquel cigarrillo no podía ocultar, realmente aquel día había terminado de una forma muy agradable.
No estaba seguro si volvería a verla. No estaba seguro si sus caminos se volverían a cruzar. Incluso no era capaz de asegurar que volviera a reconocerla si topara con ella en cualquiera de los antros que frecuentaba. Sabía que, en cuanto apagara aquel cigarro, dormiría como cada noche, sin soñar con nada, sin pensar en nada.
Se giró. Extendió el brazo y aplastó el cigarro en el cenicero. Apagó la luz y, justo antes de dormir, si alguien hubiera estado junto a él, habría escuchado "Realmente fue una noche agradable".
La soledad viene cuando no se la invita, y aveces tiene caras y sombras...Es mas efímera que la vida, y por tanto menos inevitable.
viernes, 30 de junio de 2006
Por jeremias @ 20:21
menuda mierda de web. se nota que le tienes envidia a rafa. eres patético.
viernes, 30 de junio de 2006
Por francesca @ 21:53
Para él fue una noche agradable, y para mí lo ha sido leerle. Deambular anónimamente... siempre lo he encontrado interesante, sobre todo por la noche, cuando el ambiente se muestra relajado (excepto los fines de semana, evidentemente). Gracias
Buenisimo... el problema es que los grandes textos vengan impregnados de grandes frustraciones.
Animo es una palabra horrible pero supongo que estamos en el camino, o por lo menos a ti se te nota que lo estás.
Buenisimo... el problema es que los grandes textos vengan impregnados de grandes frustraciones.
Animo es una palabra horrible pero supongo que estamos en el camino, o por lo menos a ti se te nota que lo estás.
domingo, 02 de julio de 2006
Por Sr. Nadie @ 1:03
Jeremías, pero tú bien que vienes a leerle y buscarle. Eres doblemente patético. Felicidades por su web sr. peregrino. Un saludo. Nos vemos donde usted sabe

domingo, 02 de julio de 2006
Por Sr. Nadie @ 1:04
Jeremías, pero tú bien que vienes a leerle y buscarle. Eres doblemente patético. Felicidades por su web sr. peregrino. Un saludo. Nos vemos donde usted sabe

domingo, 02 de julio de 2006
Por Vvanadis @ 13:12
Posees el don de contar de forma muy "agradable" pequeños sucesos cotidianos a los que solemos no dar improtancia. Logras que nos fijemos y recobren importancia.