Peregrino de las estrellas

miércoles, 28 de junio de 2006

Esta mañana cuando, Rufo y yo, hemos ido a desayunar, estaban en el bar un par de chavalotes hablando sobre mujeres. Al principio no les prestábamos demasiada atención, ya sabéis que, tanto Rufo como yo, somos seres completamente discretos, y jamás ejerceríamos de cotillos. Sin embargo, cuando uno de los dos se puso a llorar como una Magdalena, no pudimos por menos que atender a la conversación.
El tema en cuestión no era otra que el fracaso sentimental de uno de los jóvenes, al que había dejado el día anterior su novia. El amigo, inexperto como su colega, pretendía animarle con los tópicos clásicos. Aquello de "tío que la den..." "mira que hay más mujeres que longanizas..." "sobre todo que la cacho puta no te vea hundido...". Todas estas expresiones salían de la boca del compañero del sufridor. Cuando se dio cuenta que ese no era el camino correcto, y que el "nenaza" seguía llorando a moco tendido, cambió de estrategia. Desde ese momento la cuestión se convirtió en frases tipo: "Joder tío, veras como al final todo se arregla..." "llámala y verás como la cosa no ha sido para tanto..." "ya verás, dentro de unos días volvéis a estar juntos...".
Estaréis de acuerdo conmigo que la situación era absolutamente patética. Rufo miraba a los dos chavales y luego me miraba a mí con cara de decir "menudo par de gilipollas...". Yo intentaba justificar al chaval.
- Oye, que igual es su primer desengaño amoroso
- Un bobo, eso es lo que es, un bobo y un llorón.
- Joder Rufo, que los fracasos sentimentales son muy duros.
Rufo que, como ya os habéis podido hacer una idea, es frío y calculador, se acercó hasta donde estaban los dos mendas, y comenzó a darles una lección sobre las relaciones con el sexo femenino.
- Mira chaval - comenzó Rufo - el que una chavala te deje no tiene más importancia que si se te rompiera el microondas. Es una molestia al principio, más que nada por tener que calentar el café por la mañana en la cocina, pero luego te compras otro y en paz.
Los chavales, como no podía ser de otra manera, miraban a Rufo con cara de alucine. En primer lugar, supongo que porque no entendían como un loro podía darles esa charla, y en segundo lugar, porque la metáfora me parecía excesiva hasta a mí.
- A ver muchacho ¿Qué tenía de especial esa mujer? - continuó Rufo
- Era mi novia y yo la quiero mucho. Es una tía inteligente y guapa. Es la mujer de mi vida y me ha dejado.
- Espera, espera, no vayas tan deprisa ¿En qué te basas para pensar que era inteligente? De lo de guapa nos ocuparemos luego.
- Bueno, es una mujer con una conversación brillante. No sé, no sabría decirlo así... ahora... aquí en un bar...
- Vamos, que a ti te parece inteligente, pero que ahora no recuerdas por que. Bueno, dejemos a un lado la inteligencia. ¿Por qué dices que es guapa?
- Es guapísima. Tiene unos ojos muy bonitos, un pelo precioso, una forma de andar que te deja loco con solo verla acercarse.
- Chico, chico. Ojos tendrá dos como todo el mundo, el pelo depende de que haya ido o no a la peluquería, y su forma de andar, me imagino que tendrías que verla por la mañana recién levantada y corriendo hacia el baño porque se mea como una loca.
Llegado este punto, el chaval no sabía ni que responder. Rufo pegó un pequeño revoloteo hasta acercarse más al chico. Le pasó un ala por encima del hombro y con gesto paternal comenzó su explicación sobre el desengaño.
- El principal problema de romper con una mujer, no es otro que la pereza que da tener que sustituirla. Mira, cuando uno se enamora, lo que hace es poner imaginación a un trozo de carne. ¡Que la chica en cuestión está gorda! Pues la imaginamos más delgada. ¡Que no ha leído en su vida un puñetero libro! Nada, pensamos que todavía no ha encontrado la literatura adecuada para su intelecto. ¡Que tiene unos ojos chiquitillos! Pues decimos que tienen un brillo y una chispa inigualable. Hay una cosa que no puedes olvidar: cuando te enamoras, te estás enamorando de lo que tú imaginas, no de lo que realmente se ve. Hay mucha carne en el mercado esperando que la adornes, que vuelques en ella tus fantasías, y si nuevamente te abandonan, pues nada, otra vez a la carnicería a por otra pieza de carne. Te diré una cosa que una vez leí en referencia a esos escritos sobre el desengaño amoroso, esos ríos de tinta que se han volcado sobre los hombres abandonados que lloran la ausencia de la amada. Cuando una mujer que te abandona "el texto literario que se merece no es una novela, sino una multa". Venga chavalote, ahora sal a la calle y a comprar otro pedazo de carne.
Ni el chico, ni su amigo, supieron que responder. Pagaron su consumición y salieron del bar. Cuando se hubieron ido me acerqué a Rufo.
- Esta vez te has pasado, joder, has dejado al chaval hecho polvo, o eso, o le has convertido en todo un cabronazo. Ese, como siga tus consejos no vuelve a comerse un colín en su vida.
- ¡Bah, ya sabes que no soporto a los llorones! Además, te he hecho un favor
- ¿A mí?
- Claro. Piensa que si no vuelve a ligar quedarán mas tías para nosotros...
Hay que reconocer que este Rufo es listo como él solo.

COMENTARIOS

jueves, 29 de junio de 2006

Por Scheherazade @ 20:57


Que mania con tener muchas tias, si lo que tiene merito es encontrar una y, ainsss, no dejar que se vuelva mala

jueves, 29 de junio de 2006

Por Scheherazade @ 21:28


Que mania con tener muchas tias, si lo que tiene merito es encontrar una y, ainsss, no dejar que se vuelva mala

jueves, 29 de junio de 2006

Por Vvanadis @ 21:47


Yo lo que tu revisaria la alimentaicón de Rufo

jueves, 28 de septiembre de 2006

Por Invitado @ 10:40


Vaya tela con Rufo, ¿no? Pero tiene más razón que un santo. Yo soy chica, y he cambiado el género ¡y cuadra! Pero tb es muy bonito y esperanzador encontrar gente enamorada, que sigue junta pq realmente quieren estarlo. En fin, q pena q el amor seacaba, pero no hay mal q cien años dure...