Odio la noche de San Juan. Antes me gustaba. Antes, la noche de San Juan tenía un encanto especial. Antes, cuando escuchaba hablar de la magia de la noche de San Juan, esperaba anhelante el momento en el que se encendían las hogueras. Sin embargo, desde esta última noche de San Juan, ya nada será igual. Y no porque el entorno no fuera el apropiado. Tampoco porque la magia no estuviera en el ambiente. Ni mucho menos porque las hogueras, la música y la gente que me rodeaba, no propiciaran ese momento único que es la noche más corta del año. No, no faltaba ninguno de los elementos que hacen que el hombre vuelva a reencontrarse con su origen primitivo. Fue precisamente por eso, porque todo era perfecto, porque se cumplieron mis sueños, porque mi deseo se hizo realidad en la noche de San Juan.
Recuerdo como si hubiera pasado mucho tiempo, cuando sólo han pasado algunas horas, que me desplace hasta el lugar donde se prenderían las hogueras con un grupo de amigos. Íbamos contentos, deseando participar en la noche mágica.
Cuando llegamos, ya estaba la leña amontonada. Dos o tres personas comenzaron a prender la madera. En la pila estaban amontonados muebles viejos, así como todo tipo de trastos, representando el proceso de renovación que se iniciaría con el fuego. Después de unos instantes de duda, las llamas comenzaron a coger fuerza, y las altas fogatas iluminaron la noche.
No recuerdo quién fue el que nos recordó que debíamos escribir en un papel todo lo que deseábamos eliminar, para echarlo en la hoguera y ver como se quemaba. Sin dudarlo, llenamos nuestras hojas, escribiendo todo lo negativo y perverso que se nos ocurría.
Fue en el momento de acercarme hasta el fuego, cuando escuche a alguien que me susurraba a la espalda: "Cuando arrojes el papel al fuego, piensa en un deseo. Esta noche es mágica y cualquier deseo que tengas se cumplirá".
Curioso ante el comentario, me giré, eran muchas las personas que se agolpaban a mi espalda, por lo que no fui capaz de saber quien me había dicho eso. Sin embargo, reconozco que me hizo gracia el consejo, por eso, cuando arrojé mi papel a la pira, pensé "Bueno, no estaría mal conocer a la mujer de mis sueños".
¿No me diréis que no fue un buen deseo? El caso es que, no sé si por las cervezas que habíamos bebido, o por el orujo que circulaba alegremente, cerré los ojos y formulé mi deseo: "Deseo conocer a la mujer de mis sueños".
No, cuando abrí los ojos no estaba allí. Y tampoco, tampoco ese es el motivo por el que odio la noche de San Juan. Un poco de paciencia...
Estuvimos un rato haciendo el chorra junto a las hogueras. Incluso, y como consecuencia directa del alcohol ingerido, llegue a saltar sobre ellas.
Poco a poco, la fiesta fue decayendo, y decidimos que era el momento apropiado para retirarnos. En ese preciso instante, una fuerte opresión sobre la vejiga, me recordó que la ingesta de bebida, debe ser directamente proporcional a la expulsión de la misma. Busqué un lugar donde poder evacuar cómodamente. Al fondo había unos grandes montículos cubiertos de hierba. Me dirigí hasta allí, y comencé a aliviar mi vejiga. Todos aquellos que sois miembros del sexo masculino, habéis comprobado el nivel de éxtasis que se alcanza en esas ocasiones, supongo que la situación debe ser similar en el caso de las mujeres, pero lamentablemente nunca he vivido esa experiencia. Bien, volviendo al tema que nos ocupa, me encontraba yo en ese estado cercano al nirvana, cuando escucho una risa procedente de lo alto del montículo. Miro hacia lo alto, y allí veo la figura de una chica sentada en la hierba. Giró la cabeza hacia un lado, hacia el otro, y no veo a nadie más. Al principio me pareció raro que estuviera sola. Me había retirado del lugar de la fiesta y lo último que esperaba era encontrar allí a una chica sola.
La cuestión era que ya le había presentado la parte más íntima de mi anatomía, así que no tendría ninguna importancia que le presentara el resto. Con paso decidido subí hasta donde estaba.
-Hola ¿No estás muy sola aquí? - le dije con una sonrisa que quería imitar la seducción de Antonio Banderas.
-Ahora no estoy sola - me contestó con un tono de voz lleno de promesas.
Mas de uno estará pensando que después de una cosa así me lancé como un miura, pero no, que va, la verdad es que me quedé un poco cortado. Ella, que como todas las mujeres era mucho más lista que yo para las cosas de la seducción, se dio cuenta rápidamente de mi corte. Por eso, sin mediar una palabra, me dio un beso que me dejo casi sin aliento.
Reconozco que en ese momento me dejé llevar por la situación. Me olvidé de mis amigos, de la fiesta, de las hogueras y de todo lo que me rodeaba.
Cuando nuestros labios se separaron me susurró "Esta noche quiero ser sólo tuya. Te prometo una noche como no has soñado nunca. Vayamos a algún sitio más tranquilo". Me tomó de la mano, y comenzamos a andar hacia las casas cercanas.
Según íbamos andando, iba tomando conciencia de la suerte que había tenido. Cuando llegamos a las primeras farolas, descubrí que era una chica tremendamente guapa. Sus rasgos eran sensuales. Sus ojos de un color gris te hacían soñar con fantasías jamás imaginadas. Su andar sinuoso despertaba un erotismo profundo. Su risa, su voz, todo en ella la hacía deseable. Y lo mejor de todo: era mía, nada más que mía.
Mientras esperábamos que el semáforo cambiara a verde, nos besábamos como si fuéramos posesos. Me encontraba en la gloria.
Al mirar hacia el fondo de la calle, descubrí a mi grupo de amigos. No podía dejar pasar la oportunidad de que me vieran con semejante chica. Yo pienso que ella lo supo en cuanto me encaminé hacia allí, pero no penséis que puso alguna pega. No, ella no me negaría absolutamente nada.
Rápidamente alcanzamos a mis amigos. Como era de esperar se quedaron con la boca abierta. Después de unas cervezas juntos, todavía no daban crédito a sus ojos, pero no podían negar la evidencia. Nuestros besos les dejaban sin palabras.
Después de un tiempo, dejamos a mis amigos y continuamos camino de mi casa. Como dice la canción "nos besamos en cada farola". Cada esquina, cada rincón de mi barrio fue testigo de nuestra pasión.
Finalmente llegamos a mi casa. En el rellano comenzamos a desnudarnos. Nuestra ropa fue repartiéndose por el pasillo. Al llegar a la habitación, nuestros cuerpos desnudos se fundieron en uno. Cada caricia se prolongaba por horas. Me entretuve en sus labios, me entretuve en sus pechos, me entretuve en su cintura, en sus caderas. Acaricié su pelo, su cara, su cuerpo. Nuestros besos se hacían eternos. Finalmente, después de un infinito preámbulo, decidí entrar en ella. Sus ojos me lo pedían. Su mirada era anhelante, llena de deseo. Y fue en ese preciso instante, justo en ese momento, cuando asomó por la ventana el primer rayo de sol. Amanecía.
Apenas el primer rayo cruzó la habitación, ella dejó exhalar un suspiro, y con una sonrisa triste dijo: "Te prometí una noche inigualable, pero la noche terminó. Ahora debo irme". Sin una sola palabra más, se levantó, se vistió y se marchó.
No supe que decir. No era posible. Había encontrado a la mujer de mis sueños y sólo era por una noche. Precisamente la noche más corta del año, la noche de San Juan...
Las palabras te agitan y te agotan, te enloquecen y te dirigen, eligen tus actos y descubren tus debilidades.
... y yo entendí que no existía nada más allá de su contorno, que nunca sería feliz fuera de sus límites. Comprendí que hay imágenes en sus ojos que irían cambiando con el paso del tiempo y yo sólo quería congelar ese instante para siempre.
lunes, 26 de junio de 2006
Por Vvanadis @ 15:24
Como te comprendo. Yo hace poco tuve un sueño...
martes, 27 de junio de 2006
Por dificil_olvidarme @ 14:00
Fue una sola noche porque tu lo quisiste así, y ambos lo sabiamos, pero fue maravilloso y volvería a repetirlo..
Cuidate, d
Yo no lo quise así, fue el sol que, prendado de tu belleza, se adelantó para contemplarte. Prometo buscarte en la próxima noche de San Juan.
Un beso Darrell Standing
lunes, 03 de julio de 2006
Por Racsouran @ 22:59
Yo a eso lo llamaría crueldad en uno de sus estados puros...