Peregrino de las estrellas

martes, 20 de junio de 2006

Hoy estoy especialmente contento. No sé si ha sido un buen día en el trabajo, o quizá sencillamente que estaba predispuesto para que hoy fuera un buen día. Pero, hoy estoy contento. Ya sabes que cada vez que estoy así, me entran ganas de contarte historias. Historias que te hagan soñar. Historias que te acompañen cuando vayas a dormir, y que, en ese momento mágico, justo cuando los ojos están a punto de cerrarse, hagan que en tu cara aparezca una sonrisa.
Por ese motivo, por que hoy estoy especialmente contento, te voy a contar un cuento. Un cuento donde estén todos los ingredientes clásicos de los cuentos. El bueno, siempre valiente y tierno, el villano, malvado y artero, y evidentemente, la chica, bella y perdidamente enamorada del bueno.
Bien, pues ya tenemos a los personajes, el cuento comienza a tener su armazón. Ahora añadiremos los ingredientes necesarios para la aventura, el lugar desolado y triste donde reina sin oposición el malvado. El secuestro inevitable de la bella, y el rescate del valiente enamorado. Finalmente hemos de dotar a la narración de una conclusión, que si no debe ser necesariamente feliz, al menos debe de ser original.
Hecha esta presentación, ha llegado el momento de abordar el cuento. ¡Ah, se me olvidaba! Todo cuento que se precie ha de comenzar siempre con una frase especial, algo así como "Había una vez...", "Erase que se era..." o en su defecto un "Hace mucho, mucho tiempo...". Bien, una vez dicho esto, vayamos con la aventura.

Hace mucho, mucho tiempo, demasiado tiempo como para que alguien pueda recordarlo, que en las montañas de Armenia vivía un águila. Era el dueño y señor de todas las tierras que alcanzaban su vista. No existía ninguna otra ave que pudiera discutirle su señorío en las alturas. Cuando desplegaba sus alas y se elevaba en el cielo, el resto de los animales observaba con temor su volar majestuoso. Era él quien decidía sobre la vida o la muerte de sus súbditos. Su aguda vista y su rápido vuelo le permitían caer sobre su presa. Esta, antes de que pudiera darse cuenta de lo que sucedía, sucumbía entre las garras del señor de los cielos...


Menuda cara has puesto. ¿No te esperabas una historia de pájaros? Si ese es el problema cambiamos la temática rápidamente. Todo a gusto del consumidor... Dices que no te parece mal. Bien, pues en ese caso continuaremos con la historia, pero recuerda, esto es pura imaginación, y en cualquier momento podemos cambiar el desarrollo..

Aquel águila era un ave feliz. A ratos un poco solitario. Quizá, en alguna que otra ocasión, echaba de menos alguna otra ave que volara a su misma altura. Algún compañero o compañera con quien pudiera compartir su visión del mundo. Pero como ya he dicho, eso sólo pasaba en alguna que otra ocasión, el resto del tiempo, era un águila feliz.
Un cierto día...


Vaya, acaba de aparecer otro de los elementos imprescindibles para un cuento, el "cierto día" ¿Te das cuenta que sin esa frase nunca existiría una historia? Es como si la vida discurriera de forma plana. Todos los días se suceden de igual manera; rutinarios, tranquilos, previsibles, hasta que en un punto en concreto aparece el "cierto día", y desde ese preciso instante todo cambia. La línea que hasta ese momento era recta, da un salto y se convierte en una curva, en una espiral, o sencillamente deja de ser línea para transformarse en cualquier otra cosa. Pero bueno, creo que estoy divagando y tú en lo que estás interesada es en el cuento.
Sigamos adelante...

...el águila sobrevolaba sus dominios, cuando al mirar hacia abajo, observó una pequeña mancha oscura que agitaba rápidamente sus alas. Desde su altura veía como aquel pajarillo se esforzaba por cruzar, en el menor tiempo posible, el territorio dominado por el cazador. El águila, suspendido en el aire, dudaba entre cazar aquella presa que había desafiado su territorio, o dejar que el viento continuara meciéndole en las alturas.
La pequeña ave giró su cabeza, y descubrió al águila colgada sobre ella. Del sobresalto, su pequeño corazón estuvo a punto de detenerse. Tomó aire e intento acelerar la frecuencia de su aleteo.
El águila, motivado más por la curiosidad que por el hambre, comenzó a descender lentamente, con grandes círculos que se iban estrechando según se aproximaba al pajarillo.
El mirlo, tal era la especie a la que pertenecía aquel pájaro, estaba aterrorizado. Que él supiera ninguna presa había escapado nunca de las garras del águila cuando este había centrado su atención en ella. Por eso tenía que pensar en algo. Tenía que haber algo que pudiera hacer.
Mientras que en la cabeza del pájaro se sucedían mil y una alternativas, el depredador continuaba aproximándose. El cerco se iba cerrando poco a poco. El pequeño mirlo pensó rápidamente en cambiar de rumbo; en hacer giros y quiebros con la esperanza de que el águila errara el golpe. Sin embargo, ante cualquier solución que intentaba, el águila contestaba con una respuesta que cercaba más a la presa. El duelo era absolutamente desigual, aquel mirlo se estaba enfrentando al todopoderoso águila, una de las aves mejor dotadas para la caza. No, esas maniobras y cabriolas del pajarillo no le iban a librar de su destino. Tenía que encontrar otra solución, y más valía que pensara rápido.
En cada giro que completaba el águila, sus ojos atrapaban a los del pájaro. Éste temblaba ante aquella mirada penetrante, dura, desprovista de sentimientos. Era la mirada del señor hacia el más insignificante de sus siervos. Una mirada que helaba la sangre en las venas de la pequeña avecilla...


Menuda situación ¿verdad? Si tú fueras el pequeño pájaro ¿qué harías? Rápido, piensa rápido, tienes al águila cada vez más cerca ¿no notas su mirada fija en ti? Eres su próxima victima, si no piensas algo deprisa, sencillamente extenderá sus garras, y un segundo después serás historia, un pequeño bocado del que, probablemente, mañana no se acordará. ¿No se te ocurre nada? Está tu vida en juego. Piensa, piensa un poco, sé que si te lo propusieras, con un pequeño esfuerzo, lograrás evitar las garras del águila. ¿Nada? ¿Todavía nada? Bueno, ha sido demasiado tarde para ti, pero, y el pájaro, ¿lo logrará?. Veamos...

(Continuará...)

COMENTARIOS

miércoles, 21 de junio de 2006

Por Scheherazade @ 12:11


Aishhh...promete este cuento, y yo, no faltar esta noche a la hora de dormir...

Ummm...rendición! pequeño pecado venial.