Me imagino que os habéis fijado en la obsesión que tiene ahora todo el mundo con el cuerpo. Hoy en día, resulta que todo el mundo tiene unas ganas locas de tener un cuerpo como el del David de Miguel Ángel. Bueno, como el David casi en todo, porque la verdad es que Miguel Ángel se quedó un poco escasito con el mármol en una de las partes de la anatomía. Que digo yo que tampoco era plan de dotar al bueno del David con una cosa totalmente desproporcionada, pero un poco más aparente sí que podía haber sido.
Esto viene a cuento de la última charla que tuvimos Rufo y yo ayer por la tarde; el caso es que estábamos comentando la posibilidad de acercarnos el próximo sábado a la piscina municipal, por aquello de darse un bañito y ver a las chicas en bikini que esto de la primavera nos tiene completamente revolucionados. Pues en eso andábamos cuando Rufo hizo un comentario sobre mi cintura. ¡Yo no sé que leches tiene de malo mi cintura! Quizá es que yo no sea totalmente objetivo con ella, pero es que son muchos años de convivencia y uno le termina cogiendo cariño a esa mollita tan mona.
El caso es que cuando hizo el comentario, yo, que soy de natural avispado, noté que había cierto sarcasmo en la forma en que fue citada esa parte de mi anatomía. Recuerdo que lo primero que hizo fue decir aquello de:
-Chico, tienes dos opciones. O bien haces una dieta urgente, o tendremos que ir a comprar algún bañador, que seguro que no te entra ninguno de los del año pasado
Oye, que me palpé mi cuerpo y que no noté ninguna diferencia con lo que estaba habituado a encontrar. Una pequeña curva suave cerca del ombligo, así como un ligerísimo abultamiento en los laterales y un colchoncito muy mullido en la parte de la riñonera. Por más que lo intentaba no encontraba el motivo del comentario de Rufo.
-¡Pero tío! ¿Qué tienes que decir de este cuerpo? Si llega a ser más perfecto lo declaran patrimonio de la humanidad - mis comentarios iban lógicamente acompañados de diversos giros de mi persona entorno al bueno de Rufo. - A ti lo que te pasa es que te corroe la envidia. Es normal, ves estos maravillosos abdominales, estos bíceps, estos dorsales y claro te pones rojo de celos.
-En primer lugar - me contestó en su tono más irónico - no me puedo poner rojo de envidia porque las plumas rojas las tengo desde pequeñito, y ningún comentario tuyo tendría la capacidad de transformar mi color natural. En segundo lugar, es imposible tener celos de tus músculos porque están escondidos debajo de una capa de grasa.
Estaba yo preparando la respuesta adecuada cuando, en ese preciso instante, sonó la campanita que tengo colgada en la puerta. Sin necesidad de volver la cabeza, y solo por la expresión de la cara de Rufo, supe que la que entraba por la puerta era la Jesusa. Estaba salvado, ahora vería ese puñetero loro envidioso lo que es bueno. Se dirige hacia mi toda derecha, con esa sonrisa suya que te hace sentir el tío más importante del mundo, y...
-Hola gordito ¿Te apetece que esta noche vayamos a cenar por ahí?.
Las carcajadas de Rufo debieron de escucharse en todo el barrio; bueno las carcajadas y que no paraba de repetir "gordito, gordito". Jesusa evidentemente no entendía nada de nada, iba girando la cabeza y mirando paulatinamente tanto a Rufo como a mí. Al final, después de besarme ligeramente en los labios me dijo
-Cuando acabéis con vuestras cosas me avisas, que si os ponéis en ese plan no hay ser humano que os comprenda.
Elegantemente, como no podía ser de otra manera, giro sobre si misma, y con ese contoneo tan suyo se dirigió hacia la puerta. Rufo y yo nos quedamos contemplando como se iba. Cuando llegó a la puerta se detuvo, volvió la cabeza y solo dijo
-Gordito, recuerda que te quiero.
Me lanzó un beso con la mano y salió del local.
Rufo me miró y sacando unas pipas del fondo de su jaula comentó
-¿Quieres? Están la mar de buenas. Si quieres las acompañamos con una cervecitas bien frías
-Venga, deja esas pipas y vamos a comernos un buen bocadillo - le dije - yo invito. Eso si, no me vuelvas a hablar de gilipolleces como las dietas.
martes, 20 de junio de 2006
Por Invitado @ 18:56
Estando prácticamente de acuerdo con Vd. respecto a la obsesión por los cuerpos perfectos y mucho más cuando se acerca la época en que es inevitable lucirlos, o mejor dicho "mallucirlos", como es mi caso, tengo que disentir de su apreciación de la que para mí es la obra cumbre de Miguel Angel, por lo que sospecho que no la vislumbró en toda su intensidad. Un saludo.
Aishhh...sobre el David de Miguel Angel "sublime" lo de escaso en mármol ya estamos nosotras para que eso no suceda. Ahí te dejo algo curioso sobre el.[url=http://www.noticias.com/articulo/10-04-2006/emil-domec/que-ven-mujeres-escultura-david-que-obnubila-y-les-provoca-desmayos-550g.html]David[/url] Ah y me apunto a lo de las cervecitas con Rufo...
