Peregrino de las estrellas

sábado, 17 de junio de 2006

En ocasiones, cuando uno comienza a escribir un relato, no tiene claro por donde debe empezar. Pero también es verdad, que en otras ocasiones, cuando uno tiene muy claro que es lo que quiere escribir, es el relato el que parece tener vida propia. Bien, pues esta es una de esas ocasiones.
A mí me hubiera encantado contarte una historia bonita, una historia de héroes, princesas, malvados a los que todo el mundo odia. Y aunque te pueda parecer mentira, mi historia comenzaba con un "había una vez una bella princesa...". Bueno, pues acababa yo de escribir esas primeras palabras, cuando, en ese momento, en el que uno junta las cejas y pone cara de estar pensando, comenzó a sonar una canción en la radio. Al principio sonaba sencillamente como una melodía de fondo, una de esas músicas que oímos pero no escuchamos. El ritmo era alegre. Casi sin darme cuenta mis piernas se movían con los compases de aquella canción.
Cuando volví mi mirada hacia el texto, me encontré con una princesa que bailaba al son de aquel ritmo. Yo pretendía que, aquella princesa que había una vez, dejara de saltar. Se suponía que era una princesa secuestrada por algún malvado caballero, o una bruja fea y de corazón negro. Sin embargo, en mi imaginación, la princesa baila al ritmo de la música de la radio. Aquel viejo torreón donde se suponía lloraba desconsolada, se iba transformando en una estancia alegre y luminosa. La bruja se desdibujaba en mi memoria, e iba dejando paso a una joven atractiva y de mirada pícara que, con un vaso ancho lleno de cualquier licor, fumaba un largo cigarro que llevaba con gesto sensual hasta sus rojos labios.
Juro que a estas alturas pretendía rehacer mi relato. Sacudía la cabeza y de nuevo juntaba las cejas en un intento de recuperar la concentración. Creo que fue en ese momento cuando la princesa, que no recuerdo cuando había cambiado sus largos vestidos de seda por unos ajustados vaqueros, se acercó hasta el malvado caballero, y mirándole a los ojos le susurró: "El mejor de los pecados es haberte conocido".
¡Hasta ahí podíamos llegar! Una bella y dulce princesa seduciendo a un malvado caballero. Aunque ahora que me fijaba bien, también había dejado atrás su negra armadura y ahora vestía un elegante pantalón azul y una camisa blanca. Su supuesta mirada ceñuda y su gesto malencarado, habían dejado paso a una sonrisa un poco bobalicona, aunque supongo yo que cualquiera tendría una sonrisa así cuando una princesa te suelta de sopetón una frase como esa.
Llegado este punto, decidí hacer un alto en el relato. Tenía claro que no es que estuviera corriendo por unos derroteros inesperados, la realidad era que me había sobrepasado hasta unos límites totalmente incontrolables para un pobre aficionado a la escritura como yo.
Vino a mi memoria una anécdota de Capote. Cuando Capote veía a alguien haciendo una fotografía, no podía evitar acercarse hasta aquella persona, y siempre les daba el mismo consejo: "¿Te parece que ahora estas lo suficientemente cerca? ¿Te parece que esta es la fotografía que quieres hacer? Bien, pues entonces da un par de pasos adelante". Con esa frase dando vueltas en mi cabeza, decidí dar un par de pasos adelante e involucrarme un poco más en la historia. Estoy seguro que pensé "bueno, si la historia tiene vida propia, vivámosla".
Dicho y hecho, recuperé mi posición ante el teclado y, como por arte de magia, me vi trasportado hasta aquel torreón. La música, que fue el detonante de toda la historia, aunque quizá mejor que detonante, debería decir que fue su transformadora, continuaba sonando. La letra de la canción decía así: "es fascinante, arrimarse a la locura, oír canciones, esa es la mejor cultura, cuando te canto me trasporto a las alturas, leo en tus ojos, esa es mi literatura".
Con esas palabras en mi cabeza, me acerqué hasta el lugar donde se encontraba la bruja convertida en diosa. Me tendió un vaso con bebida, y casi sin mover los labios susurró: Dejemos que la historia continúe, ya sabes lo que dice la canción: "un día tuerces una esquina y te tuerces tú también".
El resto, bueno, esa es otra historia...

COMENTARIOS

domingo, 18 de junio de 2006

Por Vvanadis @ 18:10


Que corto se me hizo...

domingo, 18 de junio de 2006

Por Scheherazade @ 18:45


Esta claro que los relatos escritos tienen su vida propia, por eso van por donde ellos quieren. Para contrarrestar ese efecto yo prefiero los cuentos orales.