Hoy me apetece contaros algo curioso que me ha sucedido. He tenido que ir a una casa para dar el presupuesto de una reforma. La verdad es que la obra era importante y me iba a llevar mucho tiempo. Como casi siempre hago, me he llevado a Rufo conmigo. Ya os imagino poniendo caras raras, pero no sabéis lo insoportable que llega a ponerse si le dejo solo en la fontanería. Las reacciones de la gente suelen ser de lo más dispares, hay quien mira con cara alucinada, preguntándose si ha contratado un fontanero o ha venido en su lugar Long John Silver, el famoso pirata de "la isla del Tesoro". Sin embargo, una vez pasado el asombro inicial, la situación suele discurrir normalmente.
Bien, pues a lo que iba, he llegado a la casa en cuestión sobre las cuatro de las tres y media de la tarde, y me abre la puerta una joven, que más tarde descubrí era la criada. El caso es que pasé a ver el cuarto de baño. Extendí mi cinta métrica, y comencé con las mediciones oportunas para calcular el presupuesto. En esto estaba cuando sonó el timbre de la puerta. La joven, después de disculparse amablemente, fue a abrir.
Era el señor de la casa. Un hombre de unos cuarenta años, vestido con una camisa blanca, con rayas finas de color rosa, y con las iniciales bordadas. Después de que la chica le hubiera dicho que estaba yo en el baño, el individuo en cuestión se acercó hasta allí. Me miró, y su primera frase fue la siguiente.
- Que quede la cosa clara desde el principio. La obra la comenzará usted a las ocho de la mañana, pero cuando yo llegue, que suelo hacerlo sobre las tres y media, no quiero ver nada que me incomode. Me da igual si tiene que dejarlo a las dos para que Soledad - que deduje yo debía ser el nombre de la joven - tenga esto recogido. Porque yo tengo un trabajo muy importante y muy estresante y lo último que quiero es escuchar golpes y ver escombro en casa. ¿Queda claro?
Yo no salía de mi asombro. Ni siquiera se había molestado en decir buenas tardes. Había soltado aquello de sopetón. En un intento de suavizar las cosas, que un cliente siempre es un cliente, se me ocurrió comentar.
- Si yo le contara la de estrés que soportamos los fontaneros...
- Lo que faltaba - espetó el sujeto - va a comparar un fontanero con un CIRUJANO.
Os juro que lo pronunció en mayúsculas. Ya sé, ya sé que cuando alguien habla no se nota si lo dice en mayúsculas o minúsculas, pero os juro que a ese tío se le notaban.
Después de escuchar este comentario, estaba yo pensando que clase de respuesta darle. Pero, y ahí es donde está lo gracioso del tema, se adelantó el bueno de Rufo, que hasta ese momento había pasado desapercibido situado en lo alto de la ducha.
- ¿Y se puede saber que diferencia hay?
Para mis adentros pensé "joder, ya la hemos liado". Aunque también confesaré que me quedé expectante a ver que contestaba el buen CIRUJANO.
El tipo miró hacia arriba, y al ver al loro, volvió la mirada hacia mí y dijo "¿Qué clase de broma es esta? y ¿Qué hace ese bicho en mi baño?"
Rufo, que nunca ha soportado la prepotencia, y mucho menos que le llamen bicho, revoloteo hasta mi hombro, y mirándole muy digno exclamó:
- Perdone "señor doctor" - esto lo dijo con ese tono de cachondeo que ponen todos los loros - pero es que yo no veo diferencia. ¿Usted sí?
- Que estupidez, dar explicaciones a un loro..
- Mire sin son iguales que le pondré un ejemplo para que lo entienda:
"Vamos a suponer un caso teórico en el que me llega un aviso al contestador de la fontanería para reparar una tubería que está en mal estado. Evidentemente si cambiamos el trozo de tubería rota y ponemos un trozo nuevo podríamos afirmar que estamos colocando una "prótesis" al sistema de conducción de aguas original de esa casa ¿verdad?. Bien pues ahora imaginemos por un momento que podemos visualizar dos habitaciones a la par. En una trabaja el CIRUJANO con su equipo quirúrgico habitual. A esta habitación la llamaremos habitación número 1 y en la que trabaja el fontanero con su aprendiz, número 2.
1º.- Tanto en una habitación, como en el otra, hay que abrir (se entenderá, descubrir o practicar incisión, según proceda).
En la primera de las habitaciones se escucha: "practiquemos una incisión suprainguinal; corte como 6 o 7 centímetros cerca del tubérculo púbico. La aponeurosis del músculo oblicuo mayor la iremos abriendo siguiendo la dirección de sus fibras".
En la segunda habitación se escuchará: "Señora tengo que descubrir algunos baldosines de la pared, no se preocupe como mucho serán 6 o 7 los que quitaré. Además, lo haré con mucho cuidado siguiendo el dibujo del alicatado para que no se
rompa ningún azulejo más".
2º Hay que dejar completamente libre el órgano sobre el que trabajaremos (en este caso, ampliar el agujero para el fontanero y disección para el de la habitación de al lado).
En la primera habitación escuchamos: "vamos a ir liberando el nervio ilioinguinal y lo vamos a ir separando; hay que ir con cuidado para identificar y proteger el nervio genitofemoral en su rama genital.
En la segunda habitación se escucha: "señora el que le hizo esta instalación mira que trabajo mal, voy a tener que ir con cuidado para no golpear la tubería del agua caliente, además, ¿A quién se le ocurrió poner los cables de la luz tan cerca? De verdad que hay cada chapuzas. ¿No tendrá unos plásticos para envolverlos? Es que así los dejamos aislados y evitamos problemas".
Continúan las conversaciones en la primera habitación: "ahora con mucho cuidado ir disecando el cordón espermático y separarle del canal, para ello lo mejor será usar un drenaje de Penrose"
También en la segunda habitación continúan las conversaciones: señora, debemos dejar completamente libre un buen trozo de la ascendente y lo mejor será utilizar
el cincel más pequeño así lo podré ir separando con cuidado de la pared".
Nuevamente prestamos atención a la primera habitación: "debemos separar el oblicuo mayor del menor unos dos o tres centímetros por encima del triangulo de Hesselbach".
Mientras tanto en la otra habitación: "Creo que voy a forzar un poco las tuberías para separarlas unos dos o tres centímetros por encima del sifón de desagüe, así podré trabajar mucho mejor".
3º Ahora procederemos a sustituir la pieza dañada por la nueva (en esta ocasión entendemos lo mismo para las dos situaciones).
En la primera habitación este es el momento en que la tensión alcanza su punto álgido: "Ahora vamos a liberar del cordón los sacos indirectos hasta que sobrepasemos su cuello; después los invaginamos dentro de cavidad abdominal a ser posible sin abrirlos ni ligarlos".
También el la segunda habitación se alcanza el momento de mayor tensión: "A ver señora, ahora voy a ver si puedo meter este manguito mixto dejando así libre el ramal por el que entra el agua a la avería. Colocaré una mordaza, así lo introduciré en la pared sin necesidad de tener que abrir ni cortar la tubería. Es lo bueno que tiene trabajar con pvc que es muy fácil de moldear; un poco de soplete y listo".
En la primera habitación, y tras sucesivas peticiones de que se le seque el sudor de la frente al cirujano, continua la intervención: " hay que seccionar los sacos inguinoescrotales y hay que dejar abandonado el extremo más alejado. Para
ello utilizaremos la maniobra de Wantz. Ahora con cuidado colocar la prótesis".
Evidentemente también está acabándose el trabajo en la habitación número dos: "ahora voy a cortar la tubería dañada. Creo que lo mejor sería dejar ese trozo que está mas lejos dentro de la pared. Yo se lo digo para no tener que picar más. Bueno ahora colocaré el trozo de tubería nuevo y lo conectaré. Usaré este enlace macho-hembra que solo necesita roscar y encolar. Desde luego mira que es bueno el pvc".
4º Cierre (no creo que haga falta explicar lo que se entiende en cada caso).
En la habitación número uno ya se nota el ambiente mucho más relajado: "Ahora una sutura continua para cerrar la poneurosis del oblicuo mayor y lo vamos a cubrir con la malla, así la reparación se situará en el plano intermuscular. Bueno ahora, que se ponga el residente con la sutura de cierre y acabado".
Ya estamos finalizando en la otra habitación también: "Bueno un poco de teflón en la rosca, un apretón con la llave y esto está acabado señora, mañana mismo viene el albañil, le cierra el agujero y le habrá quedado como nuevo".
No os podéis imaginar la cara de alucine del CIRUJANO. Cuando logró articular palabra sólo dijo "Soledad, que salga de aquí este individuo ahora mismo". Al bajar las escaleras no sabía si dar las gracias a Rufo, ó retorcerle el pescuezo por haber hecho que perdiera un cliente.