- ¿Te parece lo suficientemente gráfico este ejemplo, o necesitas más?
- No creo que tu inexperiencia, y tu poca capacidad en lances amatorios deba de ser responsabilidad mía. Evidentemente, con ese ejemplo sólo has puesto de manifiesto tus carencias. No hay nada en el mismo que me haga responsable de haberte levantado aquellas dos chicas.
- ¡Lo que me faltaba! Bien, de acuerdo. Aceptemos por un momento que tu capacidad por deslumbrar al género femenino pudiera ser mayor que la mía, aunque, claro está, sólo por el colorido que adornan tus plumas. Pero parece que no recuerdas el lío que me montaste con el padre Julián, el prior de aquel pueblecito de la sierra...
Todavía hoy sigo preguntándome como me deje convencer para que me acompañaras a aquel aviso. Recuerdo que cuando me llegó el encargo para reemplazar las tuberías del convento, me puse realmente contento. Aquello era una obra de envergadura, una de esas obras que deja pasta. Probablemente la felicidad que me embargaba me cegó cuando me propusiste acompañarme. Todavía sigo escuchando tus argumentos "Por favor, déjame que te acompañe. Podré revolotear al aire libre, respirar aire puro, sin contaminación. Además, te haré compañía durante el viaje..." El caso es que me dejé convencer.
Cuando llegamos al convento nos esperaba en la puerta el prior con algunos hermanos. Debí darme cuenta de tu mirada, de esa sonrisa retorcida con la que obsequiaste a los pobres frailes. Pero reconozco que estaba encantado con la obra. Recuerdo que comenzamos a hablar del estado de las tuberías, del tiempo necesario para la realización del proyecto, y de la pasta que iba a cobrar por el mismo. Por eso, cuando uno de los hermanos me preguntó si no me importaba que se llevara mi loro para darle algunas galletas, no fui capaz de ver la tormenta que se avecinaba.
Al poco tiempo, aparece el monje con el rostro descompuesto. Se acerca hasta el prior, y le susurra al oído. Ingenuo de mí, yo seguía pensando en el tajo que tenía entre manos. El padre Julián, un hombre paciente donde los haya, despidió al hermano, y dirigiéndose a mí, me dijo "Creo que su loro es bastante peculiar ¿verdad? Lo mejor es que vayamos a ver que está sucediendo"
Yo suponía que podías haber iniciado una discusión sobre la calidad y maneras de elaboración de las galletas de los frailes. Pero no, no podía ser algo tan sencillo. Mi cuerpo comenzó a temblar cuando, en lugar de dirigirnos hacia la cocina, el padre Julián se encaminó hacia la capilla. Allí estabas tú, rodeado de frailes y con sonrisa suficiente en la cara.
Cuando el padre Julián preguntó que estaba sucediendo, se escuchó tu voz "sencillamente estamos teniendo una discusión teológica". El mundo se abrió bajo mis pies. Sólo a ti se te podía ocurrir tener una discusión teológica con unos frailes.
Todavía resuena en mi cabeza tu pregunta "Padre Julián, les preguntaba yo a sus hermanos ¿por qué están encerrados en un convento todo el día rezando?" Pobre padre Julián, el hombre no te conocía. Fíjate que hasta creo que le agradó tu pregunta.
- Bueno, no es muy habitual dar este tipo de explicaciones a un animal, pero pareces dotado de cierta inteligencia - contestó el buen fraile - la cuestión es que nosotros oramos "ad majorem Dei gloriam"
Todavía recuerdo la mirada bondadosa del padre, y frente a ella, esa mirada retorcida y ladina tuya..
- Perdóneme mi atrevimiento padre - Juro que ahí debí de haberte amarrado el pico con una cuerda - pero ¿no le parece que esa afirmación en si misma es una contradicción?
- ¿Una contradicción? No te entiendo hijo.
Lo reconozco, debí haber explicado al fraile varias cosas. Primero, tú no eres más que un puñetero loro, y por este motivo bajo ningún concepto podías ser su hijo. En segundo lugar, debía haberle hecho notar que un loro capaz de entender una frase en latín, no es el animal más indicado para iniciar una discusión. Pero no lo hice...
- Veamos padre - todavía sigo viéndote paseando arriba y abajo por el borde de uno de los bancos del templo - Dios es el ser supremo de la creación ¿verdad?
- Claro hijo
- Y Dios, siguiendo la filosofía cristiana, se encuentra instalado en la gloria ¿me equivoco?
- Sí hijo, el concepto de gloria va intrínsecamente unido a Dios.
- Luego, si Dios es el ser supremo, y su gloria es la gloria suprema, rezar para mayor gloria de Dios es una contradicción, ya que esa mayor gloria no es posible por la propia definición de gloria divina.
En este punto los ojos del padre se abrieron como platos. Yo, que me reconozco poco versado en temas religiosos, me había perdido. Sin embargo, por la cara que había puesto el fraile, veía que se estaba fraguando una buena tempestad. El resto de los frailes, se habían arremolinado en torno a su superior, y esperaban la respuesta que acallará para siempre al puñetero pajarraco. Todavía veo al padre Julián aspirando lentamente.
- Quizá te pueda parecer una contradicción, pero eso es por tu desconocimiento de la religión católica, y por tu falta de preparación en materia religiosa. Como dijo el filósofo "errare humanum est"
- Probablemente el filosofo tenía razón - que mirada más maliciosa tenías, pobre fray Julián, creía que te había convencido - la cuestión es que yo no soy humano, luego el error no es una parte intrínseca de mi naturaleza.
La expresión del fraile cambió por completo, el rostro bondadoso que había mostrado hasta ahora se fue trasformando en una faz severa.
- El Señor nos pide que oremos, y lo que el Señor pide no lo deben de cuestionar sus hijos. "Initium sapientiae timor domini", el temor a Dios es el principio de la sabiduría - dijo el fraile, ya con cierta ira contenida.
- Bueno, yo prefiero la expresión "Initium sapientiae cognitio sui ipsius", el principio de la sabiduría consiste en conocerse a sí mismo.
Creo que en ese momento, si no hubiera ido contra las reglas de la orden, el fraile hubiera retorcido el pescuezo a Rufo. Después de una mirar prolongadamente al pájaro, volvió el rostro hacia mí y con gesto adusto me dijo
- Creo que sería más conveniente que otro fontanero se hiciera cargo de la obra. Alguien que centrara más sus intereses en las tuberías y desagües, y no en discusiones teológicas para las que no está preparado.
Todo esto me lo decía a mí que no había abierto el pico en ningún momento. Todavía hoy estoy convencido de que el fraile pensaba que era yo quien de alguna manera hacía hablar a Rufo. El caso es que me quedé sin encargo y tuve que soportar a Rufo todo el viaje diciendo "Cogito, ergo sum. Cogito, ergo sum (pienso, luego existo)".
- ¿Reconoces o no reconoces que te has metido en mi vida y me la has complicado?
- Yo diría más bien que te he ayudado a ampliar horizontes. ¿Es cierto o no, que cuando volvimos del convento te pusiste a leer libros de teología?
- ¡Eres imposible Rufo! Discutir contigo es imposible. Centrémonos en tu biografía que a este paso no vamos a acabar nunca. ¿Por donde íbamos? ¡Ah, sí! ....
"Hola, mi nombre es Rufo, y esta es mi vida..."
Continuará...