(continuación)...
- ¿Ayuda? ¡Tendrá morro el tío!
- Te recuerdo que no tengo morro, lo mío se llama pico.
- ¡Mira que eres insoportable cuando quieres! De todas formas, te has metido en mi vida muchas veces, y normalmente soy yo el que sale perjudicado.
- ¿Perjudicado? Venga, dime alguna ocasión, ilústrame, pon un ejemplo.
- Bien, si eso es lo que quieres. ¿Recuerdas nuestras últimas vacaciones...?
Andaba yo preparando mis últimas vacaciones de verano, y tú no parabas de revolotear a mí alrededor. La verdad es que no me suele molestar demasiado escuchar tus consejos (como no quites esa sonrisa de suficiencia de tu cara no continúo... mucho mejor, sigo con mi narración de los hechos) Pues como decía, no me suelen molestar demasiado los consejos, cuando son consejos. El tema se convierte en molesto cuando se transforman en órdenes.
Bien, pues como decía, andaba yo enfrascado en el repaso de diversos folletos, mirando y remirando distintas ofertas, cuando, de repente comenzaste a dar saltos como un loco y a gritar "me gusta ese sitio, me gusta ese sitioooooo".
En honor a la verdad, la fotografía que adornaba el folleto no tenía desperdicio. Una playa alucinante, unas chavalas en primer plano para quitar el hipo, y un mar en tonos verdosos y azulados que recordaba el Caribe. Recuerdo que te miré y comenté "no está nada mal el sitio. Ahora vamos a ver la pasta que cuesta este paraíso". Deslizo mi mirada hacia la parte baja del folleto y veo que la semana de vacaciones son 600 euros, más o menos cien mil pelas de las de antes.
He de reconocer que al principio me parecía un poco caro el tema, pero, ante tu insistencia, unida a los calificativos de avaro, roñoso y rata dirigidos hacia mi persona, me decidieron a pensar "¡Que leches! ¿Para qué quiero el dinero?". Cogí el teléfono y llamé a la agencia para hacer la reserva. Mientras tanto, si no recuerdas mal, no te separabas de mi hombro ni un centímetro, parecíamos la imagen del pirata de la isla del tesoro. El caso es que cuando estoy hablando con la señorita de la agencia, y le comento que deseo una habitación sencilla, te liaste a gritar "Dobleeeeee, que sea dobleeeee, que yo no quiero dormir en la misma cama que este pervertidoooo".
Yo pretendía pasar unas vacaciones SÓLO, sin ningún pajarraco a mí alrededor. Además tú comentario provocó un silencio de lo más elocuente en la señorita del otro lado del teléfono. Porque claro, no podías haber gritado con esa voz chillona de los loros, no señor, el PAJARRACO, decidió que lo mejor era imitar la voz de una jovencita. Imagínate el cuadro, la chica del teléfono debía pensar que yo era una especie de sádico asalta-cunas.
Bueno, a lo que vamos, la discusión que se organizó era de lo más irracional. Por un lado tú y yo sobre sí venías o te quedabas. Por el otro, explicándole a la señorita que no era ninguna jovencita quien había hablado, si no un bicho con alas y con dotes de ventrílocuo.
Al final, como era evidente desde el principio, contraté una habitación doble. Hasta ahí la cosa no hubiera sido demasiado tremenda. Existe una gran cantidad de mortales que llevan de vacaciones a sus mascotas. ¿Por qué no iba yo a llevar a mi loro? El caso es que ya estaba todo decidido. Parecía que por fin no habría más problemas.
Llegó el día de la partida y de nuevo se desata la tormenta. Decides que quieres viajar en el asiento de al lado del conductor. Que si vas en el asiento de atrás te mareas. Evidentemente, de la posibilidad de viajar dentro de la jaula ni mentarla. Otra vez tú que sí, yo que no, tú que sí, yo que no... y al final... pues en el asiento delantero, como un señor. Hay que ver el cuadro para poner el cinturón de seguridad al pajarito, pero, con lo cabezota que eres, fuiste capaz de soportar las cinco horas de viaje con un cinturón de seguridad a la altura del pico.
Finalmente, y aunque pueda parecer increíble, llegamos al hotel, y de nuevo otra discusión. En esta ocasión debo señalar que no fui yo el causante de la misma. Entramos en la recepción del hotel, y tú tan chulo sobre mi hombro. El recepcionista, como era de esperar, me dice que los animales sólo pueden llevarse sí están debidamente enjaulados. Pobre hombre, reconozco que en ese momento me apiadé de él de todo corazón. Saltaste sobre el mostrador, y comenzaste una bronca tamaño descomunal. Primero lo de los derechos de los animales, el trato desconsiderado de la, y cito textualmente: "supuesta especie dominante del planeta, hacia el resto de los seres vivos que comparten esta bola con atmósfera". Luego, continuaste con las posibles demandas que le interpondrías a causa de la depresión que te iba a ocasionar el estar enjaulado. Eso unido a la minuta en gastos de psicólogos para superar el trauma.
Yo, como ya me conozco esos arrebatos, hice lo que toda persona en su sano juicio habría hecho. Me senté en una butaca de esas que hay en los hoteles, y esperé paciente el desenlace de la contienda. Como ya suponía, te saliste con la tuya. Y no sólo eso, todavía no comprendo como terminasteis hablando como amigos de toda la vida. Incluso, me comentaste que habías decidido enviar al recepcionista una versión comentada (lógicamente por ti) del "Origen de las Especies".
Permíteme que les explique a los posibles lectores de este escrito como continuaron nuestras vacaciones.
Finalmente iniciábamos nuestras vacaciones. Los primeros días en el paraíso, el tiempo era de perros. Los dos, como si fuéramos tontos, mirábamos y remirábamos el catálogo, y cuando nos asomábamos a la ventana, lo único que veíamos eran nubarrones negros y el mar cargado de mala leche.
Sin embargo, todo acaba, incluso el mal tiempo. Señores, al tercer día amanece un sol que daba gusto verle. Un cielo limpio, sol brillante, mar en calma. Vamos que parecía que habían reproducido la imagen del folleto. Miro a Rufo, Rufo me mira a mí, me puse el bañador, toalla al hombro, y como una exhalación hacia la playa. He de reconocer que en mi fuero interno pensaba "mira que igual el rufito me sirve de excusa para ligar. ¿No hay quien liga con un perro, que cuando se mojan huelen fatal? Oye pues lo mismo yo con mi loro me pongo las botas..."
Visualizar la escena. Ahí estaba yo, enfundado dentro de un bañador tremendamente sexy, con una camiseta, que dicho sea de paso me queda como un guante, mi toalla en un hombro y en el otro a Rufo.
Desde la escalinata que bajaba a la arena echo el primer vistazo. Al fondo dos cuerpos esculturales. Dos diosas que parecían llamarme a gritos. Me acoplo bien mis gafas de sol y, con aire de hombre de mundo, extiendo mi toalla junto a ellas. Imaginaros como estaban las chicas, que ni siquiera Rufo era capaz de decir ni pío. Me mira, con esa mirada que tienen los loros que nunca sabes bien que quieren decirte. Se pega un pequeño vuelo y se posa al lado de las dos chavalas. Mi corazón se puso a cien. Por fin Rufo me estaba ayudando a ligar.
Me levanto todo ufano, y me acerco hasta ellas. Cuando llego veo a mi "lorito"(tú) en animada charla con las dos chicas. Hago intento de meter baza en la conversación, y va el PUÑETERO LORO (TÚ) y suelta "oye, si quieres puedes subirte a la habitación, ya iré yo dentro de un rato, que, estas dos preciosidades y yo, tenemos cosas de las que charlar". Las chicas me miran, dicen un sencillo y monosilábico "hola", y siguen riéndose con las gracias de Rufo que, dicho sea de paso, ya estabas con un ala en uno de los muslos de una de ellas.
Lógicamente mi cabreo fue mayúsculo. Cogí mi toalla, y con una mala leche del carajo, me marché para la habitación. Cuando llegué, lo primero que hice fue desparramarme en un sillón. Pongo la televisión y, como a la media hora, justo cuando estaba comenzando a pillar el hilo a una película, llaman a la puerta. Allí estaban las dos bellezas y Rufo. Juro que, el jodido loro (tú, tú, y tú), me guiñó el ojo, y me suelta "oye, podrías ir a dar una vuelta por el pueblo. ¡Ah! No vuelvas en dos o tres horas..."
Lo que pasó o no pasó en la habitación, ni lo sé ni me importa. Lo único que sé a ciencia cierta, es que cuando las vi bajar por el vestíbulo, tenían plumas enredadas en el pelo, y cuando subí, Rufo dormía como un cerdo.
- ¿Te parece lo suficientemente gráfico este ejemplo, o necesitas más?
(continuará)